Francia

Francia

Es posible que al leer el titular de este comentario alguien piense en los partidos de fútbol que se van a jugar estos días en el país vecino o, quizás, de los temporales que inundaron París durante la semana pasada, pero, no, en estas líneas se pretende hablar de las movilizaciones que cientos de miles de personas están llevando a cabo en las principales ciudades francesas oponiéndose a las medidas que un gobierno socialista quiere imponer y que modificarán, de manera sustancial, las reglas de juego en el terreno laboral.

Pese al silencio de la mayoría de los creadores de opinión (a los que muchas personas continúan llamando medios de comunicación) que informan poco y mal sobre lo que está ocurriendo allende los Pirineos, a través de las redes sociales no dejan de llegar, cada día, imágenes de grandes manifestaciones y de la brutalidad con la que están actuando los policías galos para reprimirlas, aspecto este último, por otra parte, que viene caracterizando la actitud policial en cualquier país del mundo.

Activists gather near the Eiffel Tower, in Paris, Saturday, Dec.12, 2015 during the COP21, the United Nations Climate Change Conference. As organizers of the Paris climate talks presented what they hope is a final draft of the accord, protesters from environmental and human rights groups gather to call attention to populations threatened by rising seas and increasing droughts and floods. (AP Photo/Thibault Camus)

Frente a este estallido, de momento imparable, en Francia, no deja de llamar la atención  la atonía de la sociedad española que asiste impertérrita a la pérdida de derechos, y no solamente laborales, entre los que la degradación de la sanidad y de la educación, por ejemplo, no son problemas menores.

Vivimos en un país en el que difícilmente se comprende que una barricada no sólo corta una calle si no que abre una esperanza. La insolidaridad de unos colectivos respecto a otros es una característica que, en los últimos tiempos, lamentablemente, nos define.

Sálvese el que pueda es el grito, aún sin pronunciarse, que más se escucha de un centro de trabajo a otro, de un barrio a otro, de una ciudad a otra, mientras los dueños del sistema aplauden con satisfacción una división que ellos impulsan y de la que obtienen los máximos beneficios.

Mientras que en Francia, destacados intelectuales, con varios premios nobel a la cabeza, exigen al gobierno que se mantengan las ayudas a la investigación, en España, donde no sólo se reducen si no que directamente desaparecen, los hombres y mujeres representantes de las ciencias y de las letras lejos de protestar se acogen a la máxima unamuniana del “que inventen ellos”

“Je suis Charlie” decían, en España, paniaguados intelectuales, (aunque quizás ese término vine muy grande a quienes simplemente son tertulianos a “tanto por programa”)  mientras miraban para otro lado o directamente criticaban a los titiriteros que por representar su obra en Madrid fueron encarcelados.

Salarios y pensiones miserables para la inmensa mayoría de personas con empleo, o jubiladas,  mientras que los grandes ejecutivos firman, para ellos, contratos e indemnizaciones con cifras escandalosas.

Pero aquí, nadie se mueve por eso, las últimas movilizaciones tuvieron que ver con el mundo del fútbol, con los triunfos de los equipos representativos, no importaba ni de qué ciudad o qué título había que celebrar, lo que llevó a cientos de miles de personas a salir a la calle en toda España.

Quizás esto explique el porqué de las diferencias del salario mínimo, o de la mínima pensión, o de muchas más cosas mínimas, entre este país y otros con Francia, hoy, a la cabeza.

 

 

 

 

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