María

MARÍA

Una de estas madrugadas, y en el portal de un establecimiento, tuve la oportunidad de hablar con una mujer derrotada en mil batallas, que, acurrucada entre mantas y cartones, esperaba la llegada de un nuevo día.

No es el de esta mujer un caso aislado y en cualquiera de nuestras ciudades pueden verse a un buen número de personas en la misma situación que María, ese, me dijo, era su nombre, que por unas u otras razones no acaban de encontrar su sitio en los albergues de transeúntes y prefieren el rigor de la calle a la rigidez del centro de acogida.

En España decenas de miles de personas duermen cada noche a la intemperie, y aunque la cifra exacta es muy difícil de concretar, ya que los datos difieren según provengan de Cáritas, de alguna ONG o del Instituto Nacional de Estadística, lo que nadie niega es que el número aumenta cada año.

No sería malo llegar a comprender cuál es la razón que lleva a estas personas a preferir dormir a la intemperie pasando frío, y miedo, (eso me explicaba María), en vez de buscar el calor y la mayor seguridad que ofrecen los centros de acogida de personas sin recursos.

En cualquier caso lo que más me llamó la atención de la conversación mantenida fue la insistencia de María en explicarme que las instituciones (Ayuntamiento, Consejería…) estaban, siempre, dispuestas a ayudar a los extranjeros, rumanos y moros enfatizaba, mientras que a los nacionales, ese fue el término empleado, los dejaban morir en la calle. “Se le dan ayudas a los de otros países y para nosotros no hay nada” casi gritaba tratando de hacerme ver lo injusto, a su parecer, de la situación que está viviendo.

No deja de llamar la atención el que una persona que forma parte del escalón más bajo de la sociedad vea al de afuera como el enemigo, el que viene a pelear con ella para apropiarse de las migajas que caen de la mesa de los más pudientes, pero ¿cuántas veces, y en qué lugares, habrá escuchado María que, efectivamente, los moros y los rumanos son mejor atendidos por los servicios sociales, que son los españoles para poder culparlos de las escasas ayudas que recibe?

Los dueños del mundo deben de sentirse satisfechos, en esa batalla por mantener sus privilegios han conseguido, sin disparar un arma de fuego pero utilizando como balas las palabras, que los más pobres se hayan olvidado de saber, de verdad, quien es el enemigo por lo que no les resulta difícil llevar adelante sus proyectos aunque, estos, sean absolutamente perversos.

No parece, por ahora, que esta situación vaya a cambiar, pero el final de la historia no está escrito, y con los inmigrantes y refugiados es posible que llegue también un soplo de aire fresco, o mejor un vendaval, que al grito de no, yo digo no, arrase con todo.

sinhogar5

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