ASTURIAS SI YO PUDIERA

 

Hace un par de noches escuché a un joven cantar a voz en grito el Asturias que escribiera Pedro Garfias, y que musicó Víctor Manuel, eran horas de madrugada y sentado en una acera, y no en muy buenas condiciones, entonaba con más pasión, que gusto, los versos del poeta castellano convertidos hoy en el himno “no oficial” de Asturias.

“Quién derribará ese árbol/ de Asturias, ya sin ramaje/ desnudo, seco, clavado/con su raíz entrañable…Mirad, obreros del mundo/ su silueta recortarse/ contra este cielo impasible/ vertical, inquebrantable”

Hablamos unos minutos, los suficientes para que me contase que tenía un trabajo de porquería (él fue más explícito) pero que su salario no llegaba a los seiscientos euros.

Camino a casa recordé un artículo aparecido en un periódico regional, la semana pasada, en el que se indicaba que en Asturias algo más de 109.000 personas cobran menos del Salario Mínimo Interprofesional que es de 655,20 euros mensuales.

Esa cifra de 109.296 personas significa un 29,9% de quienes cobran un salario, hoy, en Asturias y desde el inicio de la gran estafa a la que fuimos sometidos ha ido fluctuando pero, siempre, con porcentajes por encima del 24%.

Estos datos no están elaborados en los gabinetes sindicales ni extraídos de informes, supuestamente, interesados en hablar de lo mal que van las cosas en este país. Ha sido la Agencia Tributaria quien ha facilitado la información y es la sociedad asturiana quien debe, ahora, sacar las conclusiones pertinentes.

Se nos insiste en que la creación de empleo es una realidad, aunque, desde los voceros del sistema, no se indica que tipo de empleo, ni cuáles son las condiciones salariales, y a cualquier persona con un mínimo de honestidad intelectual no se le escapa que con salarios como los que percibe mi “momentáneo” amigo cantante, España no sale de la “crisis” si no que entra de manera decidida en la miseria.

Miseria que no sólo es económica, es social, es cultural… y difícilmente quienes la están padeciendo serán capaces de salir de la misma, y si desde las instituciones, pero también desde la sociedad civil, no se quiere entender que este problema no es sólo individual si no que nos afecta a todas las personas incluso a las que tienen mayores ingresos, el futuro se presenta, para la inmensa mayoría, lleno de dificultades extremas.

Llegará un momento en que las grandes frases dejarán de tener valor y Toño (ese era el nombre, según me dijo, del chaval sentado en la acera) y todos los Toños de Asturias y del mundo, quizás, no solamente canten “Millones de puños gritan/ su cólera por los aires/ millones de corazones/ golpean contra sus cárceles” si no que, atención, también, se levanten y pasen a la acción.

 

 

 

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