MUNDO FELIZ

MUNDO FELIZ

Hace un par de semanas y con el encabezamiento “mi fotografía más triste” una chica canadiense colocaba en internet una imagen en la que podía verse a dos personas mayores, sus abuelos, un hombre en una silla de ruedas y una mujer, sentada a su lado, compartiendo un tiempo que se les va yendo poco a poco, al lado de la fotografía un texto  “Lloran cada vez que se ven y es desgarrador”.

El hombre, de 83 años, tuvo que ser ingresado en un centro de tercera edad ya que necesita cuidados médicos debido a la demencia que padece. La mujer, de 81 años, es su esposa y, debido a problemas de salud también se vio obligada a ingresar en una residencia de mayores.

El drama, que recoge la fotografía, es que tras 68 años viviendo juntos, ahora deben de permanecer separados, llevan 8 meses en esta situación, ya que la “administración” no les ofrece plaza en el mismo centro.

Desde el organismo canadiense que se encarga de los asuntos relacionados con la tercera edad explican que “entienden lo doloroso que esta situación es para la familia” y que “siguen trabajando para reunir a la pareja”. Sin embargo, como en tantos otros casos, estas palabras no dejan de ser un brindis al sol ya que Wólfram y Anita (esos son sus nombres) llevan 8 meses en esta situación, dependiendo, para verse, de las posibilidades de la nieta que lleva a su abuela un par de veces a la semana a ver al abuelo que, pese a su demencia, recuerda perfectamente a la mujer con la que compartió su vida.

Que vivimos en un mundo cada vez más deshumanizado es una realidad asumida mayoritariamente pero que parece no importar en demasía, las personas, en la sociedad  que se ha venido construyendo cada vez somos menos importantes ya que los dueños del sistema prefieren consumidores que son quienes les dan los beneficios.

Los discursos, políticamente correctos, hablan de la tercera edad y de la necesidad de proteger a las personas mayores, sin embargo la realidad es otra como sabe cualquier persona que haya llegado a esos años o quien tiene que cuidarlos.

Gobiernos de todo tipo y, a lo que se ve, del país que sean, viven más preocupados en servir a sus amos, y en conseguir los apoyos suficientes para continuar ocupando posiciones de privilegio, que en dar respuesta a las necesidades de la ciudadanía.

Desarrollismo de las ciudades, se nos dice, pero lo que menos importa es el desarrollo de las personas. Aquí podría haber un parque, nos explican, pero, en su lugar, vamos a construir viviendas que la mayoría de la población no podrá comprar si no es a base de un endeudamiento de por vida.

En Canadá razonan, sólo son dos viejos y no se pueden cambiar los reglamentos, y así entre leyes, papeles y discursos, se va olvidando la justicia… y la conciencia.

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