Informe

Este pasado martes (unas horas antes de que Donald Trump, el fascista al que los medios de comunicación llaman populista, ganase las elecciones en EE.UU) el sindicato regional de Jubilados y Pensionistas de CCOO de Asturias presentó un informe en el que se asegura que “Las pensiones suponen actualmente el 20,4 por ciento del Producto Interior Bruto de la región y, además, una cuarta parte de los hogares asturianos (un 24,3%) dependen de los ingresos de los 350.000 pensionistas que hay en esta comunidad autónoma”.

Otras cifras que tampoco pasan desapercibidas, en el documento, son las que señalan que la pensión media en Asturias es de 1069 euros y la de viudedad de 708 y, aunque parezca increíble, siendo tan bajas, hay que señalar que están por encima de la media española, no digamos, entonces, en relación a las pensiones europeas.

Ya para terminar, el citado informe señala que “El índice de envejecimiento de nuestra región es, con diferencia, el más alto de todas las comunidades, y la población mayor de 65 años duplica a los menores de 15. Asimismo, un 58 % de las 254.500 personas de más de 65 años que residen en la región son mujeres”.

Estos son los números, las letras hablan de un viejo amigo, jubilado de un pequeño taller, que cobra una pensión de 1230 euros, (está por encima, entonces, de la media regional). Tiene dos hijos, varones, uno soltero y otro casado, y tiene dos nietos, los dos hijos están en el paro y la mujer del casado, madre de los niños de 4 y 7 años trabaja en un supermercado cobrando un salario que no alcanza los 800 euros.

El chaval soltero vive con mi amigo, el otro en un piso en el que hay que pagar la hipoteca, que se lleva más de la mitad del salario que entra en la casa, con lo que el antiguo metalúrgico, ayuda como puede. El “como puede” daría para un tratado de una economía que no se estudia en ninguna universidad pero que es la que entienden la inmensa mayoría de quienes ven con preocupación el paso de los días hasta que llega, cada mes, la fecha del cobro de la pensión.

Otra amiga, viuda, me cuenta las dificultades que sufre para poder vivir dignamente, tiene una hija que, gracias a becas y sacrificios, sobre todo sacrificios, estudió en la universidad y que nunca consiguió un trabajo (es cierto que en alguna ocasión puso copas en un bar los fines de semana y, otra vez, dio vacaciones a una amiga en una “boutique” de pan).

Con 34 euros por encima de la media, su pensión es de 742 euros mensuales, tiene un piso en propiedad en el que habitan madre e hija, su problema es que paga de comunidad 125 euros con lo que le quedan poco más de 600 euros para vivir dos personas.

Se podría continuar con las cifras y con las letras pero quizás no tenga mucho sentido ya que, según reflejan, cada día, los distintos canales de televisión, la sociedad española está mucho más preocupada, por otros “importantes” asuntos”, (bodas, divorcios, amores y desamores de personajes a los que encumbran sin saber por qué razón), que por las pensiones de nuestras viudas y jubilados.

¿Hasta cuando?

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