Honor a quien honor merece

En el Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón, mañana martes día 29 a las 7 de la tarde, descubriremos una placa que recuerda a las miles de personas que desde los últimos días de octubre de 1937, en ese mismo lugar, fueron víctimas de un simulacro de juicios que los llevó a penas de prisión, de depuración, de destierro o, directamente, a la muerte.

El único delito de estos miles de hombres y mujeres fue mantenerse fieles a un gobierno que había sido elegido, democráticamente, en el mes de febrero de 1936.

Los generales golpistas, apoyados por los ejércitos de Italia y de Alemania, necesitaron casi tres años para acabar, en toda España, con las fuerzas republicanas, pero, según se iban apropiando de los territorios defendidos por el ejército de la república, la represión ejercida por los vencedores fue brutal.

En Gijón, como en tantas otras ciudades, se montaron tribunales que siguiendo el dictado de los sublevados trataron de acabar, sin conseguirlo, con cualquier vestigio de resistencia.

Mañana día 29 de noviembre, a las 7 de la tarde, en el mismo lugar en el que estas personas, cuyo único delito había sido defender lo que la mayoría del pueblo español había votado, se descubrirá una placa en su honor.

Para esas personas y para sus familias sólo pedimos Verdad, Justicia y Reparación, y seguro que sus descendientes se sentirán felices al comprobar que no están solos. Por eso es muy importante que mañana los acompañemos. CCAI Gijón martes 29, 7 de la tarde. Te esperamos.

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3 comentarios sobre “Honor a quien honor merece

  1. Justicia y reparación.
    Miguel Jiménez, mi abuelo materno, en septiembre del 36, fue asesinado después de que fuera tomada la ciudad de Badajoz por las fuerzas sublevadas contra la II República española, concretamente, el 14 de agosto de 1936, al mando éstas del Carnicero de Badajoz.
    Mi abuelo ni siquiera estuvo en el frente. Fue asesinado, junto a tres parientes y dos mujeres, siete en total, que se encontraban segando en Cordobilla de Lácara (Badajoz). Era un bracero, un peón de la inferior y mas baja clase social del momento. Sólo, tal vez, su orgullo y su Dignidad eran grandes. Su pena fue significarse de izquierdas, y tal vez alguna vez, no quitarse la gorra al paso del señorito cacique a lomos de su caballo, en la localidad de Alcuéscar, Cáceres, o cuando se paseaba el Cacique de turno por la plaza a la salida de misa, camino del bar a tomarse un pitarra.

    Mi madre, Isabel Jiménez, aún vive. El próximo día 24 de diciembre de 2016, cumplirá 85 años. En su nombre y Justicia, en memoria de aquellos inocentes, ni olvido ni perdón.

    Salud y República.

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