Jóvenes en Asturias

JÓVENES EN ASTURIAS

Desde hace unos años viene siendo constante el ataque sistemático a los sindicatos, llamados, de clase, en los que no se ha salvado ninguno, pero, curiosamente, lo que no ha dejado de sorprender es que a las voces “empresariales” y las de sus acólitos, se han venido uniendo las de un buen número de personas asalariadas que nunca han estado afiliadas a un sindicato y que, sin embargo, no pierden oportunidad de criticar la labor de las organizaciones sindicales.

Pese a los errores y contradicciones en las que se mueven los sindicatos, que sin lugar a dudas existen, en unos casos por acción y en otros por omisión, lo que está fuera de toda duda es la importancia que en la defensa de los intereses de los trabajadores tienen sus organizaciones más representativas, de ahí esos ataques sistemáticos porque desde los aparatos de poder se sabe que, ahora mismo, son los trabajadores y sus organizaciones (y no sólo en Asturias o en España) los únicos capaces de hacerles frente.

Esta semana, como en ocasiones anteriores han hecho otros sindicatos, ha sido CCOO quien ha presentado un informe, que no tiene desperdicio, en el que se afirma que, en Asturias, el salario de los menores de 25 años ha disminuido, desde el inicio de la gran estafa, a la que expertos paniaguados han bautizado como crisis, un 33%.

También señala el informe que la precariedad laboral aqueja a un 58% de la población laboral más joven cuyo riesgo de pobreza se sitúa por encima de la media nacional.

Seguramente no esté de más subrayar, aquí, que a esta situación hay que sumar la denigrante cantinela que deben de escuchar estos jóvenes en la que se les insiste en que tienen que dar gracias por tener un trabajo ya que otras muchas personas están en peor situación.

Lástima que no les animen, con una muletilla parecida, a denunciar situaciones terribles como las de decenas de chicas y chicos que trabajan en hostelería y que después de prestar sus servicios durante un par de semanas, con jornadas interminables cuya mayoría de horas no cotizan, se ven en la calle sin cobrar ni un euro ya que el restaurante, o el hotel, correspondiente, les dice que no tiene suficientes ingresos como para poder pagarles, y esto no es una excepción sino más bien, suele ser, la regla.

Parece claro que a los dueños del sistema les gusta olvidarse de todos estos jóvenes que estudian, trabajan y tienen que pedir ayuda en casa porque sus condiciones laborales resultan humillantes en los horarios, en el tipo de contratación y en lo económico.

Los mejores poetas de todos los tiempos dedicaron sus versos a la juventud más bella, a la más risueña, a la más combativa, a la más feliz, a la más soñadora… ¿dónde están ahora esos poemas, me pregunto, para esta juventud humillada, precarizada, empobrecida…?

Quizás no se escriban hoy con una métrica depurada y tenga que ser en esos informes y panfletos sindicales, tan criticados, donde la juventud actual pueda sentirse representada.

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