Enamorarse

En un pequeño pueblo de la provincia de Cuenca un niño de 11 años explicó que cuando sea mayor se irá a vivir a una ciudad  ya que en el lugar en el que vive actualmente “no hay muchas personas para enamorarse”

Pienso en esa declaración de intenciones al saber que, convocada por sindicatos agrarios de Castilla-León, se acaba de celebrar, en Valladolid, una concentración contra la despoblación en la zona rural.

El secretario regional de uno de los sindicatos convocantes afirmó que “Nos quedamos sin gente en los pueblos y ya no tenemos más tiempo ni para análisis ni para comités de expertos”

Quinientos pueblos españoles tienen menos de cincuenta habitantes y cada año pierden población bien por la muerte de algunas personas o por el viaje, de otras, hacia ciudades, en las que como decía el crío, puedan encontrar el amor o, al menos, unas mejores condiciones de vida.

Según el último informe de la Federación Española de Municipios y Provincias, en los últimos quince años, en este país 358 municipios han pasado a tener menos de cien personas censadas lo que hace que en la actualidad sean 1300 los que viven esa realidad, y, afirma también que en 14 provincias el 80% de los pueblos que las conforman no llegan a mil personas empadronadas.

No hay ninguna duda de que el problema, lejos de disminuir, se agranda cada día y este éxodo cuyo inicio, en España, podría situarse en los años 50 parece no tener fin, la mayor parte de los habitantes de los pueblos los han ido abandonando y solamente regresan, a ellos, en las fiestas patronales o el día del entierro.

Es muy importante comprender que este abandono no es caprichoso, no es de recibo que las atenciones sanitarias, educativas y sociales que se necesitan en los pueblos se encuentren a años luz de las que se perciben en las ciudades, como tampoco es de recibo que mientras que una parte de la población está viviendo en el siglo XXI  otra parte esté entrando en el siglo XX y para comprender esta afirmación sólo hay que pensar en la posibilidad de utilizar Internet de unos y otros.

La desaparición de los pueblos lleva aparejada la pérdida de cultura, de conocimientos y, también, la pérdida de riqueza , otro aspecto, no menos importante, es que tampoco la ciudad, al final, acaba dando respuesta a las necesidades que tenían quienes abandonaron  el mundo campesino y así podemos ver en parques y plazas a decenas de personas mayores compartiendo tristezas y soledades.

Sin embargo es seguro que hay soluciones, fomentar el empleo femenino es clave y apoyar la natalidad, no con discursos si no con medidas concretas y, a la vez, asegurar servicios públicos imprescindibles son, sin ninguna duda, algunas de ellas, quizás así el niño pueda llegar a enamorarse en su pueblo, pero ¿alguien las llevará adelante?

 

 

 

Deja un comentario