Eugeni Evtuchenko

Eugeni Evtuchenko

Acabo de enterarme que ha muerto Eugeni Evtuchenko un poeta ruso (al que conocí como soviético).

Crecí, intelectualmente, como crecieron muchos de mis amigos, leyendo sus poemas.

Hoy quiero despedirlo con este “Me gustaría” que escribió en castellano.

 

Me gustaría/ nacer en todos los países/ Tener un pasaporte para todos/que provoque el pánico de las cancillerías

ser cada pez/ en cada océano/ y cada perro/ en las calles del mundo.

No quiero arrodillarme/ ante ídolo alguno/ ni hacer el papel/ de un ruso ortodoxo hippie,

pero me gustaría/ hundirme/ en lo más hondo del Lago Baikal/ y salir resoplando/ en otras aguas,/ ¿por qué no en las del Mississippi?

En mi maldito universo amado/ me gustaría/ ser una hierba humilde,/ nunca un Narciso delicado/ que se besa/ en el espejo.

Me gustaría ser/ cualquiera de las criaturas de Dios,/ incluso la última hiena sarnosa,

pero nunca un tirano,/ ni siquiera el gato de un tirano.

Me gustaría/ reencarnar como hombre/ en cualquier imagen:

víctima de una cárcel de tortura,/un niño vagabundo en los tugurios de Hong Kong ,

un esqueleto viviente en Bangladesh,/un pordiosero sagrado en el Tíbet,/un negro de Ciudad del Cabo,/ pero nunca encarnar/ la imagen de Rambo.

Sólo odio a los hipócritas,/ hienas sazonadas en espesa melaza.

Me gustaría tenderme/ bajo el bisturí de todos los cirujanos del mundo,

ser un tullido, un ciego,/ sufrir todo mal, toda deformidad y herida,

ser un mutilado de guerra,/ o el que recoge las colillas del suelo,/

con tal de que no las penetre/ el infame microbio de la prepotencia.

No quisiera formar parte de la élite,/ ni, por supuesto, del rebaño de cobardes,

ni perro de manada,/ ni pastor servil al abrigo de su rebaño.

Y quisiera ser feliz,/ pero no a costa de los infelices.

Y quisiera ser libre,/pero no a costa de los que no lo son.

Quisiera amar/ a todas las mujeres del mundo,/ y ser también una mujer

sólo una vez. ..

La madre naturaleza ha menospreciado al hombre./¿Por qué no lo hizo capaz de ser madre?

Si se agitara un niño/ bajo su corazón,/ acaso el hombre/ sería menos cruel.

Quisiera ser el pan de cada día,/ digamos,/ ser la taza de arroz

de la sufriente madre vietnamita,

el vino barato/ en las tabernas de los obreros napolitanos,/ o el tubito de queso

en la órbita lunar.

Que me coman/ que me beban,/ dejadme ser útil/ en la muerte.

Quisiera pertenecer a todas las edades,/ atolondrar la historia/ y atontarla con mis travesuras.

Quisiera llevarle a Nefertiti/ en una troika á Pushkin.

Quisiera multiplicar/ cien veces el espacio de un instante/ para que al mismo tiempo

pueda beber vodka con los pescadores siberianos,/ / y junto a Homero,Dante,/ Shakespeare

y Tolstoi

sentarme a beber cualquier cosa /salvo, por supuesto,/ Coca-Cola.

Y bailar al ritmo de los tam-tam en el Congo,/ estar en huelga en Renault,

jugar a la pelota con los muchachos brasileños/ en la playa de Copacabana.

Quisiera hablar todas las lenguas,/ como las aguas ocultas bajo la tierra,

y hacer todo tipo de trabajo de una vez.

Me aseguraría/ de que sólo fue poeta un Yevtushenko,/ el otro un clandestino/en alguna parte,

no puedo decir dónde/ por razones de seguridad.

El tercero, un estudiante en Berkeley,/ y el cuarto un entusiasta huaso chileno.

El quinto sería tal vez/ un maestro de niños esquimales en Alaska,

el sexto/ un joven presidente/ en cualquier parte, modestamente digamos Sierra Leona,

el séptimo/ podría entretenerse en la cuna con un sonajero,

y el décimo,/ el centésimo,/ el millonésimo…

Para mí, ser yo mismo no es bastante,/ ¡dejadme ser todo el mundo!

Estaré en miles de ejemplares hasta mi último día/para que la tierra vibre conmigo

y las computadoras enloquezcan/ procesando mi censo universal.

Quisiera combatir en todas tus barricadas,/humanidad,/y morir cada noche

como una luna exhausta,

y amanecer cada día/ como sol recién nacido

con una suave mancha inmortal/en la cabeza.

Y cuando muera,/ un Francois Villon siberiano,

que no descanse mi cuerpo/ni en la tierra francesa,/ ni italiana,

sino en la tierra rusa, amarga,/en una colina verde,

donde por vez primera/ me sentí todo el mundo.

 

 

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