Ante la desaparición de un equipo de fútbol

Vamos Puerto

Con unas pocas horas de diferencia algunos aficionados al fútbol pudieron vivir las dos caras de un deporte que hace ya algún tiempo se convirtió en el mayor espectáculo del mundo. Por una parte el Real Madrid conseguía por duodécima vez la Copa de Europa, hoy conocida como Champions y, por otra, un pequeño club de barrio desaparecía ya que los propietarios de los terrenos, en que se celebraban partidos y entrenamientos, decidieron venderlos para que se construyan en ellos unas cuantas viviendas unifamiliares.

Mientras que en la gran final celebrada en Cardiff sobrevolaban millones de euros y las lágrimas del equipo ganador eran de alegría, en un pequeño club asturiano (El Puerto de Gijón) las lágrimas tenían más que ver con el fin de un sueño que, hace unas cuantas décadas, algunos  trabajadores de la Junta de Obras del Puerto del Musel, pusieron en marcha y que como suele suceder en estos casos les costó dinero, tiempo y, posiblemente, muchos disgustos.

Dicen, los que se mueven en este mundo del fútbol profesional, que entre 60 y 80 millones de euros se repartirán los jugadores y el cuerpo técnico madridista por haber conseguido ganar la liga y la competición europea, por su parte quienes saben del fútbol modesto, dicen que unos pocos miles de euros permiten sobrevivir, con dignidad, a estos pequeños equipos (como El Puerto) temporada tras temporada dando cabida a unas cuantas decenas de chavales desde los 6 hasta los 18 años.

Escribió un día, el premio nobel de literatura Albert Camús que, “todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de las personas, se lo debo al fútbol” y ese concepto de la vida, de la ética, del compromiso lo aprenden cada día en los entrenamientos y cada fin de semana, con los partidos, los miles de niños, (también, afortunadamente, en los últimos años, de niñas), y de jóvenes que aprenderán, igualmente, el significado de compañerismo, de amistad, de equipo.

Son clubes como El Puerto, y tantos otros, los que transmiten esos valores, tan en desuso hoy y, sin embargo, tan necesarios para abordar esa aventura llamada vida, equipos que sobreviven gracias al esfuerzo de unos pocos, a las ayudas institucionales que suelen llegar tarde y son pequeñas, a las rifas de un centollo, a un euro la tira con diez números, en el descanso del partido, al compromiso de los padres y madres siempre presentes para ayudar al equipo.

En el fútbol, al igual que en otros ámbitos parece ser que no hay salida, y aquel deporte del que hablara Camús se ve, hoy, muy lejano, sin embargo quienes saben que el rectángulo de juego siempre te ofrece un sueño, saben, además, que el último partido está todavía por jugarse. Vamos Puerto.

 

 

 

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