EN EL BARRANCO DEL LOBO

Es posible que, en España, algunas personas mayores, al leer el encabezamiento de este comentario, hayan recordado uno de los episodios más trágicos de la guerra de Marruecos que, durante 15 años, y en el primer cuarto del pasado siglo llevó a la muerte a miles de soldados españoles.

En esa misma comarca, y a lo largo de los últimos meses se vienen produciendo graves conflictos en los que los habitantes de la zona manifiestan su malestar por la pobreza económica en la que viven y por la brutal represión que la policía y el ejército marroquí llevan a cabo contra ellos.

Estos hechos, cuando consiguen saltar las barreras del silencio más ensordecedor que los acompaña, se explican como un problema religioso o por el abandono por parte del rey de Marruecos, y de su gobierno, de una región sumida en la pobreza.

Pero estos razonamientos no son suficientes para comprender lo que hoy está ocurriendo en esos pueblos que evocan tantos recuerdos, mayoritariamente trágicos, a una parte importante de la población española.

Durante años la prohibición del estudio y promoción de la cultura bereber, (preocupados desde los palacios alauitas por el sentimiento independentista que ha existido siempre en el Rif), ha posibilitado el enquistamiento de un conflicto al que se ha unido el enfado de los rifeños por el abandono al que, en materias como infraestructuras o creación de empleo, han sometido a la comarca  los gobiernos de Rabat.

En medio de ese caldo de cultivo el pasado mes de noviembre se produjo la muerte de un vendedor ambulante de pescado, Mouhcine Fikri, de 31 años, a quien pasó por encima un camión de la basura cuanto él trataba de rescatar los artículos, para vender, que le acababa de incautar la policía.

No está de más recordar que fue la muerte, en Túnez en diciembre de 2010, de Mohamed Bouazizi, también vendedor ambulante, en este caso de frutas, la que dio origen a lo que posteriormente se conocería como la primavera árabe, quizás ese paralelismo, y tratando de parar lo que ocurrió en el país tunecino, es lo que llevó al gobierno de Marruecos, con su rey a la cabeza, a poner en marcha una represión brutal que ha ido “in crescendo” en los últimos meses.

Sin embargo a los medios de comunicación españoles parece importarles muy poco lo que está ocurriendo a escasos kilómetros y prefieren dedicar todas las líneas posibles, y más, de política internacional, a Venezuela a cuyo gobierno se le niega el pan y la sal que, sin embargo, se le da a un gobierno tan corrupto como es el de Marruecos.

Abusos, violaciones de los derechos más elementales, prisión sin juicio previo, entrada por la fuerza en las viviendas, y un largo etc., forman parte de la vida cotidiana de los habitantes del Rif.

La confrontación, hace un siglo, en el barranco del lobo propició, en su día, el surgimiento de un romance, que a mi alguna vez me cantaba mi madre, que dice así: En el barranco del Lobo/  hay una fuente que mana/ sangre de los españoles/ que murieron por España. Hay pobrecitas madres, cuanto lloraran/ al ver a sus hijos que a la guerra van.

Hoy no son los españoles los que mueren en el Rif pero hoy, al igual que ayer, siguen siendo los defensores de un sistema injusto y criminal quienes llevan a una población indefensa la desolación y la muerte, y aunque no sea a raíz de una guerra como aquella, son muchas las madres que lloran por sus hijos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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