VERANO

Los medios de comunicación informan, y no paran, que una vez más el desempleo ha bajado en España. Mes tras mes, desde que los dueños del mundo, y sus “gurús”, anunciaron que la estafa, a la que ellos llamaron crisis, se había terminado, los datos macroeconómicos hablan de recuperación, de estabilidad, de futuro despejado y de tantas otras cosas que nos llevan a pensar que vivimos en un mundo idílico en el que, solamente, unos pocos (por otro lado siempre los mismos) no lo pasan bien, pero, ya nos dejan claro que eso ocurre por su culpa.

El paro ha bajado en este mes de julio, en España, en casi 27.000 personas y desde el ministerio, además de tirar cohetes, se insiste en que no hay que hacer caso a cifras alarmistas, que, esas, se utilizan de manera falaz para desprestigiar al gobierno, ya que el paro, real, es “sólo” de tres millones trescientas treinta y seis mil personas, además (también según datos oficiales) “solamente” son algo más de un millón y medio quienes no reciben ningún tipo de prestación.

Vivimos en un país maravilloso en el que las quejas vienen, como siempre, de unos pocos inconformistas dispuestos a protestar por cualquier cosa.

Porque ¿cómo puede protestar un chaval, de veinticinco años, al que le hacen un contrato de 40 horas aunque, al final de la semana, acumulará 54 , descansará los lunes, y trabajará de martes a domingo, desde las 9 de la mañana hasta las 6 de la tarde y si se para a comer deberá de trabajar media hora más? Según los voceros oficiales no debe de quejarse si no que tiene que dar gracias porque es un contrato por un año y, aunque su salario sea de ochocientos euros, le cuentan, (los sinvergüenzas que se llaman empresarios), que tendrá buenas propinas ya que la clientela del establecimiento hostelero es, le dicen, muy generosa.

Los fines de semana, cuando hace sol, al salir del trabajo se tira a dormir, dos o tres horas en la playa, ya que por la noche va a poner copas en un chiringuito, lleva dos años en ese pub, por supuesto sin seguridad social, y tiene miedo a perder el “curro” por si al final del verano lo echan del bar, también tiene miedo a perder a su novia porque no tienen tiempo para estar juntos.

Otra chica está feliz, entró en una bolsa de trabajo, no sabe cuánto va a cobrar ni durante cuánto tiempo, pero no importa ya que metió su cabeza “ahí”, su amigo, por el contrario está desesperado, su curro va de repartidor de publicidad (menos de 400 euros al mes) y controlado por los jefes, la propaganda debe de colocarse dentro del buzón, si se deja afuera no se cobra.

Pero, aunque en haya días que no lo parezca, estamos en verano y ahora toca ser feliz, para ello basta con aplaudir los datos de paro facilitados por el ministerio y disfrutar de las fiestas que recorren el país de uno a otro confín, el otoño llegará pronto y los componentes de la generación más preparada de la historia todavía no saben si será caliente, como durante años anunciaban los sindicatos, aunque nunca lo consiguieron, o frío, como todos los años, que es lo que verdaderamente les interesa al gobierno y a la patronal.

 

 

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