De tango y coplas

En este verano, que se va acabando poco a poco, apareció una noticia, que no ocupó demasiado espacio en los medios de comunicación, por lo que, pese a su importancia, al día siguiente de conocerse  fue olvidada entre la hojarasca que oculta, casi, todo.

Según la Clasificación Académica de Universidades del Mundo ninguna universidad española se encuentra entre las 200 más importantes, sin embargo esta situación no parece preocupar en exceso ya que, en el mundo del fútbol que es uno de los espectáculos que, en cualquier lugar del mundo, más moviliza a la sociedad, y este país, en este caso no es diferente, los equipos españoles, (con más futbolistas extranjeros que nacionales), ganan las competiciones más importantes y, mientras que en el fútbol se esté a la cabeza, todo lo demás está permitido.

De todas formas al igual que en las universidades tampoco el deporte español parece destacar ya que en el último campeonato del mundo de atletismo celebrado, recientemente, en Londres ningún atleta español consiguió acceder a una medalla.

En cualquier caso y volviendo al mundo de la enseñanza (la educación es otra cosa) no debe de extrañar esa ausencia en la lista de las universidades cuando hablamos de un país en el que se hacen colas para comprar el libro escrito por uno de esos personajes de televisión que aportan más bien poco, por no decir nada, a la vida cultural española mientras que otras personas hacen colas durante toda una noche para participar en el intercambio de libros de texto.

Seguramente, otro elemento, interesante, que ayude a comprender lo que ocurre en este país, y no sólo, en cuanto a la enseñanza universitaria, venga dada por el cariño del presidente del gobierno hacia la actividad cultural, ¿alguien recuerda a Mariano Rajoy en la Ópera, en una obra de teatro, en un concierto, viendo una exposición?

¿Cómo es posible que ninguno de los presidentes españoles, desde 1977 hasta hoy, no sepa hablar inglés? ¿Y cómo es posible que a la sociedad española no le importe ese grado de estulticia de sus representantes?

En el aparato de música se escuchan las estrofas de un viejo tango “Y en los charcos del camino/ la experiencia me ha ayudado/ por baquiano y porque ya/ comprendo que en la vida/ se cuidan los zapatos/ andando de rodillas”. Se ha renunciado a tanto que además de ahorrar en zapatos, se ahorra, también, en formación, en estudio, en conocimientos y a muy pocas personas parece importarle la degradación, la incultura de un país en el que, como en su día escribiera el bueno del poeta, don Antonio Machado, “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”.

Lo más dramático de esta realidad es que la mayoría de la población parece encontrarse a gusto (y si no lo está no lo dice) en un mundo de mediocridad, palpable, no sólo en la actividad política sino en cualquier ámbito de una sociedad, que, al revés que en las coplas del payador perseguido, escucha “las zonceras del que vuela a lo gallina” porque eso es lo que hoy cotiza al alza y resulta más cómodo circular por el carril por el que marcha la inmensa mayoría.

Del pensamiento único al pensamiento cero, al no pensamiento, ese era el objetivo de los dueños del sistema y ese es el camino emprendido hace ya tiempo y por el que hoy se transita con mansedumbre y sin alegría.

 

 

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