Paco Sarasúa In memoriam

Acabo de recibir la noticia de la muerte de Paco Sarasúa, camarada, compañero, amigo, hermano.

En una hora tan triste quiero compartir algunos recuerdos.

El 3 de abril de 1979 se celebraban, en Gijón, al igual que en el resto de España, las primeras elecciones democráticas municipales.

El partido comunista de Asturias acababa de pasar por una crisis, importante, que coincidiendo con la celebración de un congreso regional, celebrado en Perlora, llevó al abandono de la organización a un numeroso grupo de militantes, muchos de ellos de enorme valía y que habían garantizado la supervivencia del partido en los tiempos más difíciles.

Precisamente por la marcha de tantos, y tan buenos, dirigentes, la conformación de la candidatura del PCA al ayuntamiento de Gijón no resultó fácil.

En los primeros puestos de esa lista, que concurrió a las elecciones, figurábamos Francisco (Paco) Sarasúa y yo mismo, aunque en mi caso aparecía como independiente ya que en ese momento, como ahora, no militaba en ningún partido. El voto de los gijoneses posibilitó que los dos acabásemos formando parte de esa primera corporación democrática (aunque en mi caso me incorporé un mes más tarde tras la dimisión, decidida previamente, de Francisco Javier Suarez) y contribuimos, junto con el resto de concejales, fueran del partido que fueran, a construir una ciudad más habitable y en la que las desigualdades entre los barrios fueran desapareciendo.

Conocía a Paco de nuestra época de estudiantes en el colegio de La inmaculada, dirigido por los padres Jesuitas, en el que destacaba como jugador de baloncesto, aunque en aquellos años nunca habíamos hablado de política.

Después de su paso por la universidad Paco asumiría unas posiciones progresistas que no abandonó hasta el día de hoy.

En el Ayuntamiento de Gijón, y merced a los pactos con el partido socialista, que al no tener mayoría absoluta nos necesitaba para gobernar, Paco ocupó la concejalía de Hacienda destacando, rápidamente, como un economista serio y eficaz y sorprendiendo, gratamente, al funcionariado municipal.

Al lado de ese trabajo serio y riguroso Paco llamaba la atención por su simpatía, por un carácter abierto que lo hacía muy cercano y que le permitía conectar en seguida con todo el mundo.

Sentados, uno al lado del otro, en el salón de plenos del ayuntamiento, traíamos loco a nuestro portavoz municipal, Andrés Alvarez Costales, mucho más serio que nosotros, al que le gastábamos alguna broma que otra que, Andrés, asumía con entereza.

Recordando su pasado baloncestista Paco contribuyó, de manera importante, a la creación del equipo Gijón Baloncesto que tras dar algunas alegrías a la ciudad acabó desapareciendo, pero, donde Paco se sentía más a gusto era en el estadio del Molinón aplaudiendo al Sporting, coincidió además que algunos de los años más gloriosos del equipo se produjeron antes de su marcha a Barcelona con lo que disfrutó del buen fútbol que en aquel tiempo se podía ver cada quince días en Gijón.

Una de las fiestas más importantes que se celebran en Asturias, es la de “les piragues” y así, prácticamente, todos los años, el primer sábado de agosto podía verse a Paco en Arriondas y Ribadesella, y en los kilómetros que van de una villa a otra, contagiando de alegría y dinamismo a quienes se aproximaban a él, incluso aunque quienes se acercasen fuese la propia “benemérita.

Al lado de esa alegría permanente, habría que añadir, su papel de padre con un cariño constante hacia los hijos y hacia sus hermanos, Paco fue un hombre muy familiar y muy amigo de sus amigos a los que, siempre, estuvo dispuesto a ayudar.

Hasta el último momento nos mantuvimos en contacto y ni un solo día de los que hablamos dejó de preguntarme por amistades o personas conocidas, así era Paco, no le importaba hablar de su enfermedad y me contaba los avances y…los retrocesos, pero prefería utilizar el tiempo de la conversación para intercambiar opiniones sobre Cataluña, sobre Asturias, sobre el mundo y sobre todo quería saber que a todos les iban bien las cosas.

Hay citas que no deberían de cumplirse nunca pero que, indefectiblemente llegan, y la muerte de Paco no por esperada deja de ser dolorosa, en mi caso voy viendo con infinita tristeza como mis tres camaradas, Andrés A. Costales, Víctor Busto y, ahora, Paco Sarasua que me acompañaron en unos años repletos de sueños, en los que pensábamos que seríamos capaces de construir una sociedad nueva, ya nos han abandonado.

En fin Paco Sarasúa forma parte, indefectiblemente, de una de las etapas más importantes de una ciudad como Gijón que él, con su trabajo, ayudó a construir.

Descansa en paz Paco, camarada, compañero, amigo, hermano.

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