Ciudades

La semana pasada se celebró, en todo el mundo, el Día internacional de la Ciudad Educadora lo que permite pensar que no es un mal momento para reflexionar acerca del desarrollo de las ciudades, entendiendo, además, que estas no son algo abstracto si no  lugares en los que habitan millones de personas en todo el mundo.

Que la ciudad es un reflejo de la sociedad parece que no tiene discusión posible y las desigualdades, y contradicciones, que vive la sociedad se viven de igual manera en las ciudades

Las ciudades, indistintamente del barrio en el que vivan, deberían de aportar lo mismo a todas las personas, sin embargo eso no deja de ser un deseo pocas veces, o mejor ninguna vez, conseguido hasta el día de hoy.

El urbanismo, la conformación de las ciudades, es una dimensión, más, de la política y, por tanto, los profesionales que desarrollan la ciudad lo hacen sirviendo a los intereses de las distintas fuerzas que operan en ella.

En los últimos tiempos hemos escuchado en boca de políticos, y técnicos, que las ciudades deben de ser competitivas y eso no deja de ser una frase que sirve para ocupar espacio en los medios informativos pero que no deja de ser una estupidez, ¿competitiva, con quién, para qué? Lo que debe de ser una ciudad es por encima de todo igualitaria y, además, sostenible.

Al igual que se habla de las Constituciones, ley de leyes en todos los países, en la que aparecen artículos que citan derechos que no se cumplen, también, en las ciudades existen unos derechos que casi nunca llegan para quienes habitan en los barrios más castigados.

¿Qué importa que se diga que todas las personas tienen derecho a una vivienda si luego los precios impiden que se pueda comprar o pagar un alquiler? ¿Qué importa que una persona tenga una vivienda si luego no tiene trabajo y no puede pagar ni siquiera el transporte urbano?

¿Por qué se habla de necesidades cuando lo que habría que hacer es hablar de derechos? ¿Por qué según el lugar en el que se viva se tiene unos gastos mayores, por ejemplo, en el transporte lo que puede llevar a que una familia con dos hijos tenga un gasto mensual muy por encima del que tenga otra de igual número de personas pero que no necesita coger un transporte público? ¿Por qué una jornada laboral puede ser un par de horas más larga según se viva en un lugar u otro, y, sobre todo ¿por qué cosas tan evidentes no aparecen en los programas de los partidos políticos y las administraciones locales prefieren mirar para otro lado cuando, desde algún movimiento asociativo, se señalan estas incongruencias?

Sería conveniente que en las ciudades, como en la vida, se acabe con el silencio cómplice que todo lo tapa y del que, como en tantos casos se benefician los dueños del sistema, los que utilizan paraísos fiscales mientras a los demás nos condenan a vivir en los infiernos que ellos no conocen ni siquiera en fotografía.

Deja un comentario