La Peste

Hace un par de semanas mientras paseaba con un amigo, pude ver una enorme rata que cruzó por delante de nosotros con, aparente, tranquilidad, el hecho sucedía muy poco antes del anochecer, en una calle céntrica, y bastante transitada, diez minutos más tarde, y también por el centro, vimos una nueva rata que, esta sí, corrió velozmente para desaparecer, introduciéndose, en una alcantarilla.

En la tarde de ayer, vi, otra rata, muerta, al lado de un contenedor de basura e inmediatamente me vino a la cabeza Albert Camus y su obra La Peste, en la que el premio nobel, francés de origen argelino, relata la epidemia que se desarrolla en Orán y, a causa de la cual, mueren centenares de hombres y mujeres en la ciudad magrebí.

No pretenden estas líneas hacer crítica literaria de una novela, siempre, de recomendable lectura, si no señalar la coincidencia de la aparición de las ratas aquí, y ahora, y en el relato de Camús publicado en 1947, pero no me resisto a señalar el comportamiento, masivo, de las sociedades capaces de negar la evidencia aunque esta sea de una gravedad manifiesta.

Durante años la conquista, y la consolidación, de la democracia fue un objetivo en la inmensa mayoría de países y sin embargo de un tiempo a esta parte se constata que ese anhelo ha caído en desuso y hoy las preocupaciones aparentan ser otras.

En un par de meses se cumplirán dos años de la llegada de Donald Trump a la presidencia del país más poderoso de la tierra, y muchas de las preocupaciones que, entonces, ciudadanos de todo el mundo manifestamos, se han venido cumpliendo de manera inexorable.

Este pasado domingo ha sido elegido en Brasil, el país más rico de América Latina, Jair Bolsonaro como nuevo presidente, un hombre que, entre otras cosas, ha dicho que “Al hijo que comienza a mostrar comportamientos un poco gays hay que darle una paliza para cambiárselo”

Desde el pasado día 1 de junio, en Italia, viene ejerciendo como  Vicepresidente y Ministro de Interior Matteo Salvini, un político para quien el diferente, el marginado, el extranjero no tiene cabida.

La democracia ha ido perdiendo peso ante el silencio cómplice de una sociedad que no parece estar preocupada por ello, Trump, Bolsonaro y Salvini, entre otros muchos, han accedido a sus cargos merced a los votos ciudadanos, no se necesitan, ya, camisas pardas, azules o negras para imponer un sistema, pero el peligro de que vuelva un tiempo en el que la desigualdad,  la intolerancia, el racismo, y, en definitiva, el totalitarismo parece más cercano que nunca.

Sin embargo, volviendo a Camús y a La Peste, no debemos de perder la esperanza porque, todavía, “hay en la humanidad más cosas dignas de admiración que de desprecio” y en eso creo.

Deja un comentario